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El síndrome del carguero es la tendencia a sobrecargarse de actividades, no delegar, sufrir en silencio  y tener serias dificultades para pedir ayuda

Sin duda, la vulnerabilidad y la debilidad son las condiciones humanas que mas nos cuesta aceptar, especialmente, cuando convivimos en entornos donde sentirse mal no es una alternativa.

Por eso, son ámbitos de la vida regidos bajo la creencia de que debemos cargar con todo, incluso con las responsabilidades de los demás, pero nadie debe ayudarnos con nuestras propias cargas.

¿Cómo, cuándo y a quién pedir ayuda? Son las preguntas que te haces si has desarrollado el síndrome del carguero. Una condición caracterizada por la tendencia a llenarse de actividades que se podrían delegar, vivir experiencias difíciles en silencio y una seria dificultad para ver la colaboración de otros como una opción. 

¿Por qué se crea el síndrome del carguero,  qué lo distingue, cómo salir del patrón y aprender a pedir ayuda? Descúbrelo aquí:

¿Dónde nace el síndrome del carguero? 

Un error frecuente es confundir a los cargueros (o aquellos que renuncian a pedir ayuda,  así la necesiten) como seres prepotentes o que se victimizan, justamente porque muestran comportamientos de arrogancia, orgulloso, soberbia, sufrimiento o silencio.

Todas ellas, máscaras que esconden un profundo sentimiento de soledad.

Estos comportamientos no surgen de la noche a la mañana, sino que son el producto de múltiples situaciones de vida que requieren tu comprensión, por ejemplo:

  • Creencias familiares: “eres un niño fuerte”, “tienes que solucionar tu vida tu mismo”, “amigos no existen”, “es mejor deber dinero que favores” “la ropa sucia se lava en casa”, entre otros, son mandatos familiares que, cuando los asumes como una realidad, limitan tus posibilidades para vincularte saludablemente con la ayuda.
  • Vínculos inseguros de tus padres: Vivir un infancia con padres o cuidadores temerosos, ansiosos, abusivos, sobreprotectores, controladores o experiencias de subvaloración, abandono o rechazo  generan patrones de desconfianza. Éstos  hacen que dejes de ver la ayuda como una oportunidad, para considerarla como un riesgo emocional ante el cual debes defenderte.
  • Experiencias negativas al pedir ayuda: Haber vivido agresividad, violencia o respuesta negativas por personas importantes para ti, puede convertirse en el filtro a través del cual ves la colaboración de los demás.
  • Entornos altamente exigentes: Ambientes estudiantiles, sociales o laborales con exigencias desbordadas, enmarcadas por la desconfianza, donde los errores son mal vistos generan predisposiciones frente a la valía personal y la capacidad de otros para prestarnos su ayuda.

¿Cómo saber si eres un carguero?

Reconoce éstos 9 síntomas en ti, descubre al carguero y sácalo de tu vida:

  • Sientes sobrecarga, pero te cuesta delegar.
  • Sientes angustia por todo lo que tienes que resolver, pero no lo resuelves.
  • Crees que tienes que saberlo todo.
  • Piensas que debes solucionarlo todo tu.
  • Te da miedo a “molestar al otro” u obtener un “NO” por respuesta.
  • Temes el rechazo o la reacción de los demás por pedir ayuda.
  • Te asusta mostrarte como alguien débil o frágil.
  • Tienes dificultad para aceptar tus errores y los de los demás.
  • Nunca es un buen momento para pedir ayuda.

¿Cuándo pedir ayuda?

 Es cierto, tu eres el protagonista de tu historia y tu vida depende tus decisiones, no obstante, debemos aceptar que el apoyo social es fundamental en la vida de cualquier ser humano.

 Es aconsejable pedir ayuda cuando:

  • Tienes bajo tu responsabilidad más actividades de las que puedes abarcar.
  • No tienes atribuciones para decidir.
  • Las decisiones deben tomarse en conjunto
  • Atraviesas por un momento vulnerabilidad física, mental, emocional o espiritual.
  • Tienes confusión frente a una circunstancia, donde una visión externa te facilitaría ver alternativas que no habías considerado.

¿Cómo aprender a pedir ayuda? 

Dejar de ser carguero y pedir ayuda, es tomar la bella decisión de aceptar que tenemos dos manos para influir positivamente en el mundo de otros, pero existen millones de manos para influir positivamente en el nuestro, para ello:

  • Acepta la vulnerabilidad y la debilidad como una oportunidad de aprendizaje.
  • Reconcíliate con el pasado, solo trayéndolo al consciente evitas repeticiones.
  • Descubre y resignfica las creencias que te encierran en ti mismo.
  • Restablece la confianza en los demás.
  • Establece una buena relación con los errores, ser falible es el primer paso para descubrir tu fortaleza interior.
  • Pierde el temor a la reacción de los demás, no te lo tomes personal, ellos no tienen que actuar como tu quieres y tienen sus propias razones.
  • Pierde el miedo al “NO”. Un “NO” a tiempo es el mejor regalo ahorrar tiempo y buscar otras opciones.

¿Cómo pedir ayuda?

Uno de los casos más frecuentes al momento de pedir ayuda, es no saber como hacerlo, aquí algunas claves:

  • Ten claro lo que deseas pedir y lo que quieres obtener.
  • Decide quien es la persona que tiene poder de acción, experiencia o la mayor autoridad para opinar sobre lo que vas a pedir.
  • Busca un ambiente propicio para hacer tu solicitud, sino existe, créalo.
  • Se directo con tu solicitud, se asertivo y evitando la diplomacia innecesaria.
  • Si tienes miedo, aun así, hazlo con miedo.

Para esto ten en cuenta que:

  • Nunca existirá el momento perfecto para pedir ayuda si no lo creas.
  • Tienes el derecho a reservarte la situación que motiva tu petición de ayuda.
  • Si expresas al otro lo que motiva tu petición, le concedes el derecho de opinar y darte su visión.
  • Mira al otro como un ser humano igual que tu, seguramente el también ha pedido ayuda en varios momentos de su vida.
  • Acepta la respuesta o reacción del otro como algo natural, es un ser humano.
  • Si has obtenido la ayuda de alguien, sé tu también alguien que ayuda, sin cargarte.

 

¿Has sido carguero? ¿Convives con alguno? ¿Te ha servido éste artículo? ¿tienes otros consejos para quienes lo son? Escríbelo aquí abajo en comentarios.

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